Posts Tagged 'relatos'

La primera vez que… me masturbé en público (2ª parte)

El día en cuestión al que me refiero en esto de las masturbaciones públicas (que solo fue aquel día) fue uno en el que estábamos preparados para la clase de gimnasia, tendría unos 10 años (todavía no eyaculaba, menos mal, supongo que si no me lo habría pensado dos veces antes de comenzar) y la clase era después del recreo. El patio estaba lleno y, tal vez porque había habido clase antes de salir al patio, las cuerdas estaban colocadas en su sitio… así que, como no teníamos nada mejor que hacer practicábamos a subirlas; no se si lo conoces pero, a parte de las cuerdas, también existe otra modalidad que es un palo, de unos 7-10 metros, yo no había tenido mucha oportunidad de subirlo así que ahora que había poca gente interesada en él me puse a ello. Lo agarre con las dos manos y empecé a subirlo pero al poco tiempo del recorrido, como metro y medio, empecé a notar que el rozamiento de la parte interna de mis muslos y de mis genitales con aquel aparato realizaban en mi el mismo efecto que el borde de los muebles con los que me aliviaba; lo que hice después no se ni como se me ocurrió pero, viendo que, si me bajaba de allí en ese mismo instante, la gente que tenia delante (como unos 50 niños correteando de acá para allá, más los que simplemente pasaban camino de la puerta de entrada) se daría cuenta del bulto y empezarían a decirme de todo en escarmiento público, decidí que, como no podía dejarlo, y las fuerzas para subir me flaqueaban al irse todas en el principio de orgasmo, me quede quieto, restregándome con el palo entre las piernas en un recorrido de 50 cm. arriba, 50 cm. abajo… compañeros de clase que esperaban su turno y que veían que no me movía del sitio por muchos esfuerzos que hiciera (menos mal que no sospechaban para que :*)) empezaron a decirme que parecía un jamón, que dejase de estar colgado y que me retirase de allí para que subiera otro, y, a los pocos segundos de eso, me vine y aquello volvió a su posición de descanso. Al bajar, estaba exhausto y me miré disimuladamente la entrepierna para ver que el pequeño bulto que pudiese quedar era apenas perceptible. Fue increíble y lo mejor de todo es que nadie se dio cuenta, ¡menos mal!.

Viendo mis principios en esto del onanismo me siento afortunado porque siempre lo viví de una manera muy natural, fue surgiendo todo en las épocas de mi vida que lo necesitaba y nunca tuve ideas raras que me viniesen de fuera de mi entorno o de mi propia familia. Se que hay mucha gente con padres retrógrados que acomplejan a sus hijos con que se van a quedar ciegos si se tocan o curas que le dicen a los chavales que les saldrán pelos en las manos… menos mal que todo eso yo no lo viví, aunque, a colación de esto recuerdo una vez que en un probador de una tienda de niños estaba yo cambiándome de pantalones, a esto la tienda llena, y de repente, cuando tenia el pantalón nuevo en la mano para calzármelo, se descorre la cortina… era una niña de las muchas que había fuera, yo tendría unos 10-11 años, la niña no llegaría a los 7, yo me quedé con un corte que no sabía donde meterme y, ¿que creéis que se le ocurrió decir a la niña?, pues nada, pero mientras salía escopetada en dirección contraria al probador en busca de su santa madre, comenzó a gritar: ¡Mamá, mamá, ahí dentro hay un niño tocándose su cosita!… :?, ¿tú te lo crees? porque a mi me jodió el día, toda la tienda creyendo que me estaba metiendo mano porque una mocosa comenzó a decir una cosa que no era cierta… en aquel momento lo único que pensé es que qué le había hecho yo a esa puta mentirosa para que fuese diciendo aquello, pero hoy ya no le hecho la culpa a ella, más bien la compadezco por tener una educación retrograda que lo único que hace es mal a ella y a todos los que la rodean, pero también compadezco a la madre porque, lo mas seguro es que con esa educación que le dio a la hija creyendo que así la salvaba “de todo mal”  lo mas probable es que en su grupo de amistades a día de hoy a su hija la conozcan con apodos tan descriptivos como pelopaja o tragasables.

 

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La primera vez que… me masturbé en público (1ª parte)

Se que el titulo induce a error ya que lo primero que se te puede venir a la mente es un tío machacándosela frente a un auditorio, pero creeme que, aunque no fue así, sí terminé masturbándome y sí fue en público.

Me da un poco de vergüenza admitir que por aquel entonces no sabía lo que era la masturbación, aunque la practicaba desde pequeño, y no supe lo que era una “paja” hasta que tuve mis 12-13 años. Yo desde temprana edad, y por temprana me refiero a los 7-8 años, me he masturbado, pero, como decía, nunca supe que lo llamaban así hasta los 13, el caso es que yo solo sabía que aquello que hacía me daba placer y por tanto lo practicaba de vez en cuando. Lo que solía hacer era usar un mueble de la casa, un armario o una mesa, y, con las manos apoyadas en el borde me sostenía en él sin poner los pies en el suelo, quedando de esta forma todo el peso de mi cuerpo sobre los brazos; de esta manera pegaba la pelvis al borde del mueble y comenzaba a restregar mis partes arriba y abajo contra el borde con la presión suficiente, ni mucha ni poca… con esto lo que conseguía era que el pene se pusiese en erección y, una vez así, poder restregar su parte interna entre el borde y mi cuerpo. Esto me producía orgasmos increíbles que no iban acompañados de eyaculación (todavía no tenía edad) y era la única manera en la que los podía conseguir… con el tiempo perfeccione mi técnica usando una cajonera con uno de los cajones abiertos para que quedara estratégicamente colocado y apoyándome en el borde del mueble con las manos y en la cama con los pies repetía la acción (esto me dio uno de los mayores sustos de mi vida ya que un día, tendría unos unos 11-12 años, tuve una sensación súper fuerte, mas de lo acostumbrado e interna, y, al retirarme, contemple aterrado que el interior del cajón y mi miembro estaban manchados de una sustancia pringosa y muy pegajosa, lo limpié como pude y supuse que era natural ya que no tuve ningún dolor, y a partir de entonces me siguió sucediendo así que lo dí como algo normal pero que me estaba fastidiando el juego (cada vez que lo hacia tenía que tener cuidado de salir corriendo antes de terminar si no lo quería dejar todo hecho un asco). Con el tiempo supe que aquello era una eyaculación pero aquellas primeras eyaculaciones mías no eran como las de los libros, no era siquiera semen, eran como eyaculaciones de liquido preseminal, era el principio de mi yo adulto. Contado esto comprenderás ahora por que hasta que no cumplí los 13 no supe que era una paja (palabra que no oí hasta que unos compañeros, en tono de guasa, la dijeron refiriéndose a que yo me debía despellejar haciéndomelas y por eso estaba tan delgado) y es que ni siquiera me masturbaba de aquella forma sino restregándome con la parte baja de la taza del cuarto de aseo o apoyándome en el lavabo (por aquellos días ya había abandonado los muebles por sitios mas higiénicos y mejor limpiables). También recuerdo que cuando supe lo que era esa “novedosa técnica” la intenté reproducir pero sin éxito ya que no conseguía la excitación ni el placer que conseguía “a mi manera”, es más, las primeras veces que lo hice “a mano” lo único que conseguí fue una enorme inflamación del prepucio debida al rozamiento que me duraba casi 2 días, por lo que durante algún año mas seguí a mi manera, hasta que termine cogiéndole el tranquillo, hoy por hoy es mi técnica favorita :).

 (continuará…)

La primera vez que… me afeité las piernas (2ª parte)

Pasaron como un par de años hasta que pude completar la idea de poder afeitarme completamente las piernas, estando en casa de mis padres y con actividades del colegio de por medio el riesgo de ser descubierto era algo que me aterraba. ¿Cómo demonios iba yo a explicar que llevaba las piernas afeitadas?, eran mediados de los noventa, los hombres tímidamente empezaban en eso de la depilación, sobre todo si se dedicaban al deporte, pero desde luego esas cosas no las hacían los adolescentes, y menos los delgaduchos imberbes, a no ser, claro… que fueses maricón, ¿eres maricón *****?, porque si no ¿como es que llevas las piernas como una chica?… desde luego era un riesgo que no podía aceptar, yo no soy un chico de muchos amigos y la sola idea de poner en peligro la poca vida social que tenía era algo con lo que no estaba dispuesto a jugar.

Así que pasó el tiempo hasta que me fui a estudiar fuera y a vivir a un colegio mayor (afortunadamente en una habitación individual :)), durante ese tiempo volví a repetir la experiencia de los muslos e incluso fui mas allá llegando a rasurarme los genitales y el ano, lo que inevitablemente me llevo otro paso mas en mi autoconocimiento, pero esa es historia para otro post ;)).

Fuera de casa, sin amigos ni conocidos cerca y con nuevas amistades que no hacían preguntas, solo tuve que esperar a que pasase el tiempo de calor que quedaba y empezase el otoño con su vuelta de la ropa larga y de abrigo :). Personalmente soy muy de preparar las cosas y el día elegido fue uno cualquiera, supongo que seria  de noviembre, en el que no tenía nada más importante que hacer que ocuparme de mi mismo. Preparé un baño decente, al menos todo lo decente que permitía aquella bañera estilo “viejo oeste” (era ridículamente pequeña y cuando te metías del todo no tenias opción a más posición que la fetal, lo bueno era que en esta postura el agua te llegaba casi al cuello y cubría prácticamente todo el cuerpo), coloqué una cuchilla nueva en la maquinilla, la deje en el lavabo, metí mis piernas en el agua sentándome en el borde de la bañera y procedí a afeitarme… he de reconocer que estaba nervioso, llevaba mucho tiempo esperando aquello, y ahí estaba, al fin podía ver cumplido mi sueño a medida que el agua se iba ocupando de recibir el bello del que me desprendía; cuando terminé quite el tapón del desagüe y deje que aquello desapareciese de mi vista para poder contemplar mis nuevas piernas, eran preciosas, muchísimo más que con aquel antiestético pelo de animal… mientras me aclaraba, al pasar mis manos por mi nuevo yo no podía dejar de tocarme, incluso llegue a masturbarme en aquel momento (cosa que no suelo hacer, masturbarse en la bañera, a pesar de que resulte muy erótico, es una de las cosas mas asquerosas que puede hacerse, al final, al mezclarse con el agua, queda todo pringoso y resulta realmente complicado dejarlo todo bien limpio, pero un día es un día, y en aquel momento no estaba yo para pensar en la limpieza;))

Ese mismo fin de semana volvía a casa (solía volver los fines de semana porque no estaba muy lejos y las comunicaciones eran buenas) y recuerdo como si fuese hoy que llegue ha escribir una carta explicando todo lo que sentí en aquel momento, para que quedara de recordatorio de aquel momento tan importante en mi vida… desgraciadamente, y como me ha sucedido en otras ocasiones, terminé deshaciéndome de ella (otra vez por miedo a que alguien pudiese encontrarla y leerla y, sobre todo, por miedo a que no llegasen a comprender la experiencia que allí relataba)… ojalá la conservase y pudiese reproducirla aquí, pero ya solo queda el recuerdo de que una vez existió.

Aquella noche, la noche después de la carta y de un día de emociones y excitación contenida, al irme a la cama me deshice de mi pantalón de pijama, me tape con las mantas y apague la luz… no se si fue por toda la represión de años, por el haber conseguido lo que quería o por la emoción del momento pero mientras disfrutaba de mis piernas esa noche, disfrutando de su tacto y de las sensaciones que me proporcionaban, bueno… tuve una de las mejores erecciones que recuerdo, y también recuerdo que aquella vez no me centre en mis genitales, estaba demasiado ocupado con mis nuevas piernas y seguí con ellas, y me pasó algo que ya nunca más me ha vuelto a suceder, eyaculé sin ni siquiera tocarme, sin ni siquiera tocarme el miembro, se entiende… aunque ahora creo que aquello fue algo más, creo que fue la última vez que he tenido un verdadero orgasmo.

Todas las dudas y miedos de años se desvanecían al compararlos con el placer de ir como quería, aunque fuese ocultándoselo a todo el mundo, y cada vez que hoy me afeito las piernas y he de seguir ocultándolas como en aquellos días, los recuerdo con cariño como aquellos en los que por primera vez hice algo que quería y que me hacia sentir más yo cada vez que la tela interior de mis pantalones rozaban mi piel.

 

 

Nota: Una de las razones por las que comparto estas vivencias es para que si alguien las lee pueda tal vez ver aquí reflejado algo parecido a lo que a el le sucede y cree que es el único bicho raro al que le pasa, y, muy posiblemente se sienta mal o se le pasen cosas raras por la cabeza… tal vez al poder leer lo que a otros nos ha pasado vea que no es así, y que no hay nada malo en conocerse, y aceptarse, y experimentar con lo que uno crea conveniente sin que nadie le diga que eso es solo para las mujeres, o que es pecado, o que es de maricones, o mil estupideces más; por eso, si tu también tienes tu historia, te animo a que la escribas como comentario y a que la compartas con otros… puede que te parezca una tontería pero también puede que estés ayudando a otro a vivir un poco más feliz sabiendo que esto no es lo que muchas veces nos quieren hacer creer, y que el sigue siendo el mismo hombre por mucho que le guste el satén, la seda o la ropa interior de encaje.

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La primera vez que… me afeité las piernas (1ª parte)

Comienzo con este una serie de post en los que contaré mis primeras veces en ciertas vivencias, la mayoría de ellas están relacionadas con el travestismo y la sexualidad pues creo que ambos están indudablemente unidos ya que surgen en nosotros paralelamente a nuestro desarrollo y madurez sexual y se presentan en su mayoría en ese tiempo de cambio de niño a hombre.

Hoy dejaré aquí testimonio escrito de la primera vez que me afeité las piernas aunque para ello no podré usar solo un recuerdo ni podré limitarme a un día en concreto ya que, en mi caso, no fue así, sino que sucedió en distintos días, e incluso, tardé bastante hasta que llegué al afeitado completo.

Si me esfuerzo creo que llego a ver el momento exacto en el que una cuchilla se deslizó por mis piernas, aunque, para ser sincero, aquel paseo de la pequeña hoja por mi piel no fue demasiado largo, apenas unos centímetros… justo encima de la rodilla. ¡Qué memoria! dirás, no te creas, el asunto es que me acuerdo por una pequeña vivencia con mi madre al poco de hacer “aquella locura”, ella tenía que probarme un pantalón que me había comprado y yo, creyendo que aquello que había hecho no se notaba me quite el que llevaba y me fui a probar el otro, estábamos sentados en mi cama y supongo que la luz que entraba por mi ventana y al estar sentado pues, desde donde estaba ella lo notó, ¡anda! dijo, ¡mira que curioso, aquí no te sale pelo!, intente cambiar de conversación como pude y creo que lo conseguí porque no volvió a nombrarlo pero esto me hizo ver que si quería hacer cosas como esta tenia que ser mas precavido.

¿La razón por la que lo hice?, no lo se, pero creo que las motivaciones no eran tanto mis inclinaciones travestis como las ganas que tenía por ver que sentiría y como quedarían mis piernas sin aquel vello que por entonces ya las cubría (tendría unos 16, a lo sumo 17 años), no era mucho pero si el suficiente como para planteármelo, no me sentía muy a gusto con aquello y deseaba probar. Esa idea que me rondaba por la cabeza se materializo un día, como un arrebato, en el cuarto de baño; ¿sabes esos momentos en los que estas sentado en la taza y no sabes que hacer en la espera? pues bien, con aquella idea rondando por mi cabeza desde hacia días, y en aquellos momentos en los que tus ojos recorren el baño, era inevitable, tenia que pasar… mis ojos se fijaron en la cuchilla, pero, ¡no puedo! ¿Como voy a afeitarme las piernas? ¿Y si alguien se diese cuenta? ¿Como iba a explicar eso?… supongo que se me pasaron mil cosas por la cabeza, pero también el momento no era el mismo que hacia un año o dos, en aquellos días había cambiado de instituto y en el nuevo podía llevar la ropa que quisiera, incluso en gimnasia, donde ya no tendría que usar, si no quería, aquellos pantalones cortos de deporte, además, era invierno, todavía quedaban meses de perneras hasta los tobillos, si lo hacia ¿quien se iba a enterar? … mientras sopesaba todos los pros y contras, siempre con el miedo en el cuerpo, supongo que terminaría diciendo que aquello no era posible pero.. ¿y si me quitaba solo un poco, solo para probar?, encima de la rodilla, justo donde termina el muslo no tenia mucho pelo y si, por un casual pasaba algo, no creo que nadie se diese cuenta; las manos se me fueron solas y terminaron dibujando una pequeña calva en esa zona de mi pierna… ¡ya estaba hecho! no había marcha atrás, dejé la cuchilla y mis dedos tocaron la zona en círculos, sintiendo su suavidad, a la vez que mi pierna la sentía también. Fue una sensación increíble. Esto no podía quedar así, tenia que seguir pero no ahora, no podía hacerlo sin pensar en las consecuencias (¡maldita forma de ser mía!).

Después del “incidente” con mi madre supe que tenía que ser mas precavido si quería pasar a mayores, ¿y cual fue mi ocurrencia?, pues simple, me quitaría solo el vello de los muslos, así, si alguien se fijaba en mi al atarme los zapatos, al subirme los calcetines o al estar sentado en clase, si me miraba y algo de aquella zona quedaba al descubierto, todo parecería normal, y yo podría al fin notar la sensación de suavidad que había apenas intuido con mi primer intento.

Fue como la primera vez, sentado en el baño, sin cremas ni agua, en seco, pase la cuchilla varias veces desde la rodilla hasta la ingle por todas las zonas donde había pelo y al terminar pasé mis manos por los muslos, la sensación era como 100 veces mayor que la primera vez, fue algo increíble y al ponerme el pijama la sensación de frescor que sentían mis muslos en aquella zona libre era algo que supe en aquel momento no sería la última vez que lo haría… después vinieron los remordimientos, el miedo a ser descubierto, pero las sensaciones te bloquean y sabes que volverás a hacerlo. (continuará…:)

    Nota: Una de las razones por las que comparto estas vivencias es para que si alguien las lee pueda tal vez ver aquí reflejado algo parecido a lo que a el le sucede y cree que es el único bicho raro al que le pasa, y, muy posiblemente se sienta mal o se le pasen cosas raras por la cabeza… tal vez al poder leer lo que a otros nos ha pasado vea que no es así, y que no hay nada malo en conocerse, y aceptarse, y experimentar con lo que uno crea conveniente sin que nadie le diga que eso es solo para las mujeres, o que es pecado, o que es de maricones, o mil estupideces más; por eso, si tu también tienes tu historia, te animo a que la escribas como comentario y a que la compartas con otros… puede que te parezca una tontería pero también puede que estés ayudando a otro a vivir un poco más feliz sabiendo que esto no es lo que muchas veces nos quieren hacer creer, y que el sigue siendo el mismo hombre por mucho que le guste el satén, la seda o la ropa interior de encaje.

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