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Patricia Conde y su mágica y líquida inocencia

Ayer empezó la nueva temporada de este programa y, para que vamos a negarlo, uno de sus mayores atractivos es esta mujer. Que las demas son guapas, profesionales y graciosas tampoco se puede negar pero es que Patricia tiene algo más, algo imperceptible pero que esta ahí, algo que la hace distinta.. ¡tiene magia!. Bueno, una magia erotizante que desborda y ellos, los creadores y directores del programa, lo saben y ni lo han dejado ni lo van a dejar escapara para tenernos pegados a la pantalla a ver cual es la próxima que nos “despierta”.

Todo en el nuevo decorado esta pensado para hacer brillar, más si cabe, esa magia: la nueva pasarela por la que sinuosamente se desliza o en la que bailar como la mejor, la mesa sin tantas cubiertas que tapen esas espectaculares piernas o planos y situaciones que nos hagan soñar por días enteros como este:

Podemos pensar mal e imaginarnos otras cosas pero el erotismo de esa inocencia desborda. ¡Ojalá pudiera beber de ese manantial hasta saciarme!, ¡gracias por existir Patricia! y muchos besos y deseos de lo mejor donde quiera que estes.

La primera vez que… me masturbé en público (2ª parte)

El día en cuestión al que me refiero en esto de las masturbaciones públicas (que solo fue aquel día) fue uno en el que estábamos preparados para la clase de gimnasia, tendría unos 10 años (todavía no eyaculaba, menos mal, supongo que si no me lo habría pensado dos veces antes de comenzar) y la clase era después del recreo. El patio estaba lleno y, tal vez porque había habido clase antes de salir al patio, las cuerdas estaban colocadas en su sitio… así que, como no teníamos nada mejor que hacer practicábamos a subirlas; no se si lo conoces pero, a parte de las cuerdas, también existe otra modalidad que es un palo, de unos 7-10 metros, yo no había tenido mucha oportunidad de subirlo así que ahora que había poca gente interesada en él me puse a ello. Lo agarre con las dos manos y empecé a subirlo pero al poco tiempo del recorrido, como metro y medio, empecé a notar que el rozamiento de la parte interna de mis muslos y de mis genitales con aquel aparato realizaban en mi el mismo efecto que el borde de los muebles con los que me aliviaba; lo que hice después no se ni como se me ocurrió pero, viendo que, si me bajaba de allí en ese mismo instante, la gente que tenia delante (como unos 50 niños correteando de acá para allá, más los que simplemente pasaban camino de la puerta de entrada) se daría cuenta del bulto y empezarían a decirme de todo en escarmiento público, decidí que, como no podía dejarlo, y las fuerzas para subir me flaqueaban al irse todas en el principio de orgasmo, me quede quieto, restregándome con el palo entre las piernas en un recorrido de 50 cm. arriba, 50 cm. abajo… compañeros de clase que esperaban su turno y que veían que no me movía del sitio por muchos esfuerzos que hiciera (menos mal que no sospechaban para que :*)) empezaron a decirme que parecía un jamón, que dejase de estar colgado y que me retirase de allí para que subiera otro, y, a los pocos segundos de eso, me vine y aquello volvió a su posición de descanso. Al bajar, estaba exhausto y me miré disimuladamente la entrepierna para ver que el pequeño bulto que pudiese quedar era apenas perceptible. Fue increíble y lo mejor de todo es que nadie se dio cuenta, ¡menos mal!.

Viendo mis principios en esto del onanismo me siento afortunado porque siempre lo viví de una manera muy natural, fue surgiendo todo en las épocas de mi vida que lo necesitaba y nunca tuve ideas raras que me viniesen de fuera de mi entorno o de mi propia familia. Se que hay mucha gente con padres retrógrados que acomplejan a sus hijos con que se van a quedar ciegos si se tocan o curas que le dicen a los chavales que les saldrán pelos en las manos… menos mal que todo eso yo no lo viví, aunque, a colación de esto recuerdo una vez que en un probador de una tienda de niños estaba yo cambiándome de pantalones, a esto la tienda llena, y de repente, cuando tenia el pantalón nuevo en la mano para calzármelo, se descorre la cortina… era una niña de las muchas que había fuera, yo tendría unos 10-11 años, la niña no llegaría a los 7, yo me quedé con un corte que no sabía donde meterme y, ¿que creéis que se le ocurrió decir a la niña?, pues nada, pero mientras salía escopetada en dirección contraria al probador en busca de su santa madre, comenzó a gritar: ¡Mamá, mamá, ahí dentro hay un niño tocándose su cosita!… :?, ¿tú te lo crees? porque a mi me jodió el día, toda la tienda creyendo que me estaba metiendo mano porque una mocosa comenzó a decir una cosa que no era cierta… en aquel momento lo único que pensé es que qué le había hecho yo a esa puta mentirosa para que fuese diciendo aquello, pero hoy ya no le hecho la culpa a ella, más bien la compadezco por tener una educación retrograda que lo único que hace es mal a ella y a todos los que la rodean, pero también compadezco a la madre porque, lo mas seguro es que con esa educación que le dio a la hija creyendo que así la salvaba “de todo mal”  lo mas probable es que en su grupo de amistades a día de hoy a su hija la conozcan con apodos tan descriptivos como pelopaja o tragasables.

 

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La primera vez que… me masturbé en público (1ª parte)

Se que el titulo induce a error ya que lo primero que se te puede venir a la mente es un tío machacándosela frente a un auditorio, pero creeme que, aunque no fue así, sí terminé masturbándome y sí fue en público.

Me da un poco de vergüenza admitir que por aquel entonces no sabía lo que era la masturbación, aunque la practicaba desde pequeño, y no supe lo que era una “paja” hasta que tuve mis 12-13 años. Yo desde temprana edad, y por temprana me refiero a los 7-8 años, me he masturbado, pero, como decía, nunca supe que lo llamaban así hasta los 13, el caso es que yo solo sabía que aquello que hacía me daba placer y por tanto lo practicaba de vez en cuando. Lo que solía hacer era usar un mueble de la casa, un armario o una mesa, y, con las manos apoyadas en el borde me sostenía en él sin poner los pies en el suelo, quedando de esta forma todo el peso de mi cuerpo sobre los brazos; de esta manera pegaba la pelvis al borde del mueble y comenzaba a restregar mis partes arriba y abajo contra el borde con la presión suficiente, ni mucha ni poca… con esto lo que conseguía era que el pene se pusiese en erección y, una vez así, poder restregar su parte interna entre el borde y mi cuerpo. Esto me producía orgasmos increíbles que no iban acompañados de eyaculación (todavía no tenía edad) y era la única manera en la que los podía conseguir… con el tiempo perfeccione mi técnica usando una cajonera con uno de los cajones abiertos para que quedara estratégicamente colocado y apoyándome en el borde del mueble con las manos y en la cama con los pies repetía la acción (esto me dio uno de los mayores sustos de mi vida ya que un día, tendría unos unos 11-12 años, tuve una sensación súper fuerte, mas de lo acostumbrado e interna, y, al retirarme, contemple aterrado que el interior del cajón y mi miembro estaban manchados de una sustancia pringosa y muy pegajosa, lo limpié como pude y supuse que era natural ya que no tuve ningún dolor, y a partir de entonces me siguió sucediendo así que lo dí como algo normal pero que me estaba fastidiando el juego (cada vez que lo hacia tenía que tener cuidado de salir corriendo antes de terminar si no lo quería dejar todo hecho un asco). Con el tiempo supe que aquello era una eyaculación pero aquellas primeras eyaculaciones mías no eran como las de los libros, no era siquiera semen, eran como eyaculaciones de liquido preseminal, era el principio de mi yo adulto. Contado esto comprenderás ahora por que hasta que no cumplí los 13 no supe que era una paja (palabra que no oí hasta que unos compañeros, en tono de guasa, la dijeron refiriéndose a que yo me debía despellejar haciéndomelas y por eso estaba tan delgado) y es que ni siquiera me masturbaba de aquella forma sino restregándome con la parte baja de la taza del cuarto de aseo o apoyándome en el lavabo (por aquellos días ya había abandonado los muebles por sitios mas higiénicos y mejor limpiables). También recuerdo que cuando supe lo que era esa “novedosa técnica” la intenté reproducir pero sin éxito ya que no conseguía la excitación ni el placer que conseguía “a mi manera”, es más, las primeras veces que lo hice “a mano” lo único que conseguí fue una enorme inflamación del prepucio debida al rozamiento que me duraba casi 2 días, por lo que durante algún año mas seguí a mi manera, hasta que termine cogiéndole el tranquillo, hoy por hoy es mi técnica favorita :).

 (continuará…)