La primera vez que… me afeité las piernas (1ª parte)

Comienzo con este una serie de post en los que contaré mis primeras veces en ciertas vivencias, la mayoría de ellas están relacionadas con el travestismo y la sexualidad pues creo que ambos están indudablemente unidos ya que surgen en nosotros paralelamente a nuestro desarrollo y madurez sexual y se presentan en su mayoría en ese tiempo de cambio de niño a hombre.

Hoy dejaré aquí testimonio escrito de la primera vez que me afeité las piernas aunque para ello no podré usar solo un recuerdo ni podré limitarme a un día en concreto ya que, en mi caso, no fue así, sino que sucedió en distintos días, e incluso, tardé bastante hasta que llegué al afeitado completo.

Si me esfuerzo creo que llego a ver el momento exacto en el que una cuchilla se deslizó por mis piernas, aunque, para ser sincero, aquel paseo de la pequeña hoja por mi piel no fue demasiado largo, apenas unos centímetros… justo encima de la rodilla. ¡Qué memoria! dirás, no te creas, el asunto es que me acuerdo por una pequeña vivencia con mi madre al poco de hacer “aquella locura”, ella tenía que probarme un pantalón que me había comprado y yo, creyendo que aquello que había hecho no se notaba me quite el que llevaba y me fui a probar el otro, estábamos sentados en mi cama y supongo que la luz que entraba por mi ventana y al estar sentado pues, desde donde estaba ella lo notó, ¡anda! dijo, ¡mira que curioso, aquí no te sale pelo!, intente cambiar de conversación como pude y creo que lo conseguí porque no volvió a nombrarlo pero esto me hizo ver que si quería hacer cosas como esta tenia que ser mas precavido.

¿La razón por la que lo hice?, no lo se, pero creo que las motivaciones no eran tanto mis inclinaciones travestis como las ganas que tenía por ver que sentiría y como quedarían mis piernas sin aquel vello que por entonces ya las cubría (tendría unos 16, a lo sumo 17 años), no era mucho pero si el suficiente como para planteármelo, no me sentía muy a gusto con aquello y deseaba probar. Esa idea que me rondaba por la cabeza se materializo un día, como un arrebato, en el cuarto de baño; ¿sabes esos momentos en los que estas sentado en la taza y no sabes que hacer en la espera? pues bien, con aquella idea rondando por mi cabeza desde hacia días, y en aquellos momentos en los que tus ojos recorren el baño, era inevitable, tenia que pasar… mis ojos se fijaron en la cuchilla, pero, ¡no puedo! ¿Como voy a afeitarme las piernas? ¿Y si alguien se diese cuenta? ¿Como iba a explicar eso?… supongo que se me pasaron mil cosas por la cabeza, pero también el momento no era el mismo que hacia un año o dos, en aquellos días había cambiado de instituto y en el nuevo podía llevar la ropa que quisiera, incluso en gimnasia, donde ya no tendría que usar, si no quería, aquellos pantalones cortos de deporte, además, era invierno, todavía quedaban meses de perneras hasta los tobillos, si lo hacia ¿quien se iba a enterar? … mientras sopesaba todos los pros y contras, siempre con el miedo en el cuerpo, supongo que terminaría diciendo que aquello no era posible pero.. ¿y si me quitaba solo un poco, solo para probar?, encima de la rodilla, justo donde termina el muslo no tenia mucho pelo y si, por un casual pasaba algo, no creo que nadie se diese cuenta; las manos se me fueron solas y terminaron dibujando una pequeña calva en esa zona de mi pierna… ¡ya estaba hecho! no había marcha atrás, dejé la cuchilla y mis dedos tocaron la zona en círculos, sintiendo su suavidad, a la vez que mi pierna la sentía también. Fue una sensación increíble. Esto no podía quedar así, tenia que seguir pero no ahora, no podía hacerlo sin pensar en las consecuencias (¡maldita forma de ser mía!).

Después del “incidente” con mi madre supe que tenía que ser mas precavido si quería pasar a mayores, ¿y cual fue mi ocurrencia?, pues simple, me quitaría solo el vello de los muslos, así, si alguien se fijaba en mi al atarme los zapatos, al subirme los calcetines o al estar sentado en clase, si me miraba y algo de aquella zona quedaba al descubierto, todo parecería normal, y yo podría al fin notar la sensación de suavidad que había apenas intuido con mi primer intento.

Fue como la primera vez, sentado en el baño, sin cremas ni agua, en seco, pase la cuchilla varias veces desde la rodilla hasta la ingle por todas las zonas donde había pelo y al terminar pasé mis manos por los muslos, la sensación era como 100 veces mayor que la primera vez, fue algo increíble y al ponerme el pijama la sensación de frescor que sentían mis muslos en aquella zona libre era algo que supe en aquel momento no sería la última vez que lo haría… después vinieron los remordimientos, el miedo a ser descubierto, pero las sensaciones te bloquean y sabes que volverás a hacerlo. (continuará…:)

    Nota: Una de las razones por las que comparto estas vivencias es para que si alguien las lee pueda tal vez ver aquí reflejado algo parecido a lo que a el le sucede y cree que es el único bicho raro al que le pasa, y, muy posiblemente se sienta mal o se le pasen cosas raras por la cabeza… tal vez al poder leer lo que a otros nos ha pasado vea que no es así, y que no hay nada malo en conocerse, y aceptarse, y experimentar con lo que uno crea conveniente sin que nadie le diga que eso es solo para las mujeres, o que es pecado, o que es de maricones, o mil estupideces más; por eso, si tu también tienes tu historia, te animo a que la escribas como comentario y a que la compartas con otros… puede que te parezca una tontería pero también puede que estés ayudando a otro a vivir un poco más feliz sabiendo que esto no es lo que muchas veces nos quieren hacer creer, y que el sigue siendo el mismo hombre por mucho que le guste el satén, la seda o la ropa interior de encaje.

Anímate y comparte tu experiencia en los comentarios :)



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