Recuerdos de niñez

Me han venido multitud de recuerdos; eran tiempos más simples en los que disfrutaba con cada pequeña cosa, los juegos, los amigos, las tardes de cine o de televisión en casa, compartir tu vida sin miedo a nada; pero, aunque yo fui muy feliz de niño y nunca tuve miedo a decir lo que pensaba o creía siempre supe que había algo de mi personalidad que no podía permitir que se supiera, no se, era algo que, sabiendo que no estaba mal (nunca vi el por qué el que me gustase ponerme prendas de mi madre o pintarme la cara con su maquillaje tenía que ser malo) siempre mantuve oculto, intuía ya desde el comienzo que no iba a ser entendido y que de saberse me iban a etiquetar y poner en la balda con el resto de las “especias”. Así que, cuando tenía oportunidad, que no eran muchas ya que un niño no dispone de mucha intimidad en una casa, me reservaba tiempo para mi y para ese “otro yo” que en aquel tiempo pensaba que algún día se cansaría de estar a mi lado y terminaría haciendo las maletas y se iría, que equivocado estaba; ese tiempo consistía en aprovechar momentos en los que, raramente, me quedaba solo en casa, esos eran los mejores ya que podía abrir libremente el armario de mi madre y echar una ojeada a lo que allí encontraba. Era raro el día en el que me ponía algo de aqui ya que siempre temí que a su vuelta se diese cuenta (es hoy el día que me pregunto si lo llegó a intuir) pero alguna vez no pude mas y llegué a probarme sus medias de seda para liguero de las que nunca encontré el liguero, o sus bragas y faldas, era maravilloso; aunque, como decía, esto no era lo normal, lo normal era que cogiese ropa del cesto para lavar… si, ya se que no es muy higiénico, pero el miedo a ser descubierto era mayor a toda higiene posible y era mucho mas fácil pasar desapercibido si tocaba ropa ya “toqueteada”.

Esos momentos de intimidad eran los mejores, yo solo en casa conmigo misma, aunque como decía esos instantes eran los menos y la mayoría de las ocasiones me tenía que conformar con los días de baño en los que podía usar el “tiempo de encierro” para pintarme la cara y recrearme con la imagen que me devolvía el espejo, además, lo mejor de esto era que, después del baño no se notaba la pintura que me había dado aunque, la mayoría de las veces siempre que terminaba con el ritual sentía como que de alguna manera, iban a notarmelo… si lo hicieron nunca dijeron nada, y si fue así yo se lo agradezco.

Y todo esto a que viene te preguntarás, pues bien, he visto un video que me ha traido a la memoria parte de estos recuerdos:

Yo nunca tuve una experiencia como esta y, visto desde esta parte de mi futuro, no me habría importado tenerla, pero cada uno es cada uno y sus circunstancias, y yo nunca pude compartir momentos así, como tampoco tengo imagenes o videos de aquella epoca (eran otros tiempos, antes de la digitalización del planeta que tan fácil hace ahora cosas que los que no los tuvimos hechamos en falta) y ya solo quedan en mi memoria recuerdos borrosos de aquellos días que son más sensaciones o emociones que imagenes en si mismas, una verdadera lastima no tener ni una sola foto de aquellos instantes. Por lo que aqui dejo mi consejo, si algún joven lee esas letras que aproveche el momento, que no deje que la sociedad le culpe, y que guarde todos los recuerdos que pueda, de la manera que pueda (todavía maldigo el día que quemé unos pantalones cortos que hice “desaparecer” a mi madre por miedo a que los encontraran en mi habitación) que esos tiempos son muy bonitos y no vuelven y cuando cumplan unos años mas, no muchos, se maldeciran, como hago yo ahora, por no mantener lo mas nitidos posibles todos esos momentos y recuerdos.



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