Tú sabes lo que eres

Sobre todo hace años y, a día de hoy, en ciertas ocasiones, al tener un tiempo para mi y verme libre del mundo que me rodea, suelo tomarme un respiro y, como no, me visto lo mas femeninamente que puedo. Esto no es muy fácil pues no dispongo de ropa femenina propia y tengo que tirar del armario de las mujeres de casa, lo cual es un problema pues ni son ropas exactamente de mi talla ni del estilo que me gustaria, pero hay que resignarse.
Me pongo carmín en los labios e incluso unas gotas de aceite corporal en estos para que se vean más brillantes y apetecibles desde aquí, el otro lado del espejo; también intento disimular mi pelo de corte masculino con una toalla de baño a modo de turbante a la manera en que las mujeres de pelo largo hacen cuando salen del aseo. Después de todo el ritual suelo ir hasta el espejo más grande de toda la casa en donde pongo poses y me deleito admirando la imagen reflejada. Pero hay ocasiones en las que, tras un rato observandome, me invaden la culpa, el miedo y la rabia por no poder desterrar de mi a ese otro yo que, como un payaso, me mira idiotizado y con la cara llena de lagrimas por no poder hacer nada: ¿quién o qué eres tú?.

Todavía hay dias en los que, como digo, esto me pasa, y sé qué, aunque consiga dejar de vestirme de mujer, aunque al ir a los centros comerciales o al pasear por el centro no mire los escaparates de mujeres con envidia al no poder entrar y probarme todo lo que me gustaría, aunque deje que a mi cuerpo vuelva el vello que tanto aborrezco y que considero que me afea, sé que tarde o temprano volveré a hacerlo; en cuanto algo en la vida trastoque mi mundo volveré a refugiarme en ella, en mi, en mi otro yo.
Hace años hablando de temas parecidos a estos sobre el miedo a ser confundido con lo que no soy, a mostrarme o dejar de hacerlo, a comportarme más como siento, hablando, como decía, con una completa desconocida en un chat, ella me contestó algo que desde entoces me acompañará siempre:
Tú sabes lo que eres.



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